Naty llegó con su intérprete, vestidos de novios, y nos trajo 3 mensajes:

1º La novia
Naty, al escuchar la Palabra, trajo el mensaje de la novia: la invitación a ese banquete, esa invitación a todos. Todos somos invitados, como una novia. Ella no es mencionada en el Evangelio porque la novia tiene que ser todos los invitados.
“Dios quiere celebrar una boda con cada uno de nosotros”. Eso quiere decir que Dios se quiere relacionar con nosotros, no como un patrón con su esclavo, ni como un maestro con su alumno. Dios quiere tener una relación con nosotros; así como un esposo tiene con su esposa, quiere tener una relación íntima con nosotros.
Por eso tenemos que preguntarnos: ¿Cómo me relaciono con Dios? ¿Me relaciono con esa intimidad, con esa confianza? ¿Se decirle al Señor: “¿Te amo, sos mi vida”?
No dejemos que se enfríe nuestro amor por el Señor. Todos los días tengamos un gesto de amor para Él. Digamos: “Señor, te quiero, hacé arder mi corazón”.
Porque Dios no nos quiere como un sirviente o un esclavo. Dios quiere, así como decía Jesús: “Yo no los llamo servidores, los llamo amigos”.
2º La palabra “SUS”
Cada uno de los que estaban invitados tenía que ver “SUS” algo (sus campos, sus cosas…) y decidieron no sumarse a la fiesta.
Entonces, ¿por qué no iban a la fiesta? Porque tenían sus cosas. No fueron a hacer cosas malas, pero sus cosas absorbieron el 100 % de su tiempo y su corazón, que no había lugar para esta alegría comunitaria.
A veces nos pasa esto: nos metemos tanto en nuestras cosas, en nuestras agendas, que decimos: “¡Qué nadie nos interrumpa!”
Estamos tan centrados en nuestras cosas que nos olvidamos de las cosas de Dios y los temas que son comunitarios.
3º El traje de novio
La vestimenta o traje de fiesta es “el amor a Dios”.
No hay lugar en la fiesta para aquel que no se quiere encontrar con el hermano, porque este encuentro con Jesús no es individual, es un proyecto comunitario.
Como decía el Papa Francisco: “Todos, todos, todos”.
