Volvió Naty de sus vacaciones de invierno… En esta oportunidad no trajo símbolos ni palabras. Naty y el Padre Iván prepararon una representación para explicarnos el mensaje del evangelio.
Teníamos niños representando las olas del mar, Naty actuando de Jesús sobre el agua, el intérprete de Pedro y un papá encargado de los efectos especiales.
En medio de la tormenta estaba Pedro con los discípulos. De repente, vino Jesús caminando por las aguas. Los discípulos se asustaron y Jesús les dijo: «¡Tranquilícense, soy yo!»
Pedro le responde: «Señor, si sos vos, mándame ir a tu encuentro».
Pedro, mientras miraba a Jesús, caminaba sobre las olas, pero cuando se intensificó la tormenta y dejó de mirar a Jesús, comenzó a hundirse.
Primera enseñanza: En medio de las tormentas, si tenemos la mirada en Jesús, pase lo que pase, no nos vamos a hundir; vamos a poder seguir caminando. A eso nos invita Jesús en los momentos de crisis: una mala noticia, una enfermedad, un problema de trabajo o un inconveniente con un familiar. «Mirar a Jesús».
Si tenemos puesta la mirada en Jesús, pase lo que pase, vamos a poder seguir caminando.
Cuando Pedro se está hundiendo, extiende su brazo y grita: «¡Señor, sálvame!» Jesús lo levanta y lo abraza en el agua, diciéndole: «¿Por qué dudaste, Pedro? ¡Hombre de poca fe!»
Segunda enseñanza: Jesús mientras sigue la tormenta fortaleció la fe de Pedro. Así hace el Señor con nosotros: no nos libra de las tormentas; no nos libra de todas las angustias y dificultades, pero en medio de ellos tenemos la posibilidad de crecer en la fe y confiar en Él.
Cuando estamos en medio de las tormentas, debemos acudir al Señor y decir: «Señor, mi alma espera en vos, confío en tu palabra; yo sé que no me voy a hundir».
Pidámosle al Señor esa gracia: seguir con la mirada en Jesús y aprovechar la posibilidad de manifestar nuestra fe en Él para que crezca.
